Homofobia interiorizada

Homofobia interiorizada

Desde que nacemos y a lo largo de nuestra vida, nuestra mente recibe una cantidad ingente de estimulación de todo tipo. Sobre todo, en los primeros años de vida, es cuando nuestro cerebro está más receptivo a nueva información. De ahí que sea la época en que se da un mayor aprendizaje.

La mente tiene sus propios mecanismos de filtraje de la información y va colocando todo en su lugar. Una parte importante de lo que absorbemos, pasa desapercibido y, o bien es desechado, o bien queda en el inconsciente. No todo puede ser consciente. Por ejemplo, mientras hablas con alguien en una terraza, tu atención seguramente estará puesta sobre la conversación con esa persona. Te fijarás en el contenido de su mensaje, pero también en los aspectos no verbales (tono de voz, expresión facial, gesticulación, etc.), y además, habrá mucha más estimulación a tu alrededor que te entrará por los sentidos (el tacto de la silla, la brisa del viento, la conversación de la mesa de al lado y un largo etcétera).

Nivel de consciencia

Toda esa información, como ya intuyes, no es procesada al mismo nivel de consciencia. Nuestro cerebro es capaz de dejar cosas en segundo plano, de manera que no te des ni cuenta, y guardar lo que más te convenga. Además, va a captar y grabar mucho más fácilmente todo aquello que haya tenido o suscitado un componente emocional. De esta manera, aprendemos muchas cosas.

Por ejemplo, de pequeños aprendemos muy rápido qué debemos hacer para captar la atención de los demás, porque eso nos reconforta. También aprendemos qué no debemos hacer, porque nos riñen o sufrimos algún daño, como quemarnos. De esta manera, yo ya sé que si toco fuego me quemo, no necesito pensarlo conscientemente. Lo tengo integrado en mi conocimiento del mundo.

Pues pasa exactamente igual con muchas otras cosas. Desde lo más explícito hasta lo más sutil. Parece útil, y lo es. Sin embargo, tiene ciertas desventajas. Sobre todo cuando somos más jóvenes, este mecanismo no distingue entre verdad o mentira. Podemos acabar interiorizando cosas que no son ciertas o que, al menos, son perjudiciales o están mal planteadas.  

Por ejemplo, si cada vez que consigo una buena nota me dicen que podría haberlo hecho mejor, puedo interiorizar que nunca soy suficiente. Si en casa siempre me han dicho que no coma tanto porque voy a engordar y voy a ser fea o feo, yo interiorizo que tener sobrepeso es algo malo e indeseable. Son creencias que quedan arraigadas en nosotros, que de algún modo, hemos interiorizado. Esto hará que interpretemos el mundo según ellas y actuemos en consecuencia. En el caso de la insuficiencia, la persona nunca estará satisfecha con sus logros y podrá obsesionarse en sus metas. En el caso de la comida, esa persona vigilará lo que come y tendrá pánico a engordar.

¿Qué es la homofobia interiorizada?

Entonces, ¿cómo se dará lo que pone en el título? La homofobia interiorizada está comprendida por todas esas creencias de rechazo hacia la homosexualidad. Son creencias que interiorizamos a lo largo de nuestra vida, y no necesariamente porque vivamos situaciones en las que hay un rechazo claro hacia la persona homosexual. Son infinidad de cosas: “los niños no lloran”, “esa manita…”, que cambien de canal cuando hay dos hombres besándose, “mejor no te juntes con ese chico”, ver siempre representada en los medios la gente del colectivo en personajes apartados y con problemas, y un largo etcétera.

Todo eso es estimulación que recibimos y que interiorizamos todos. Y sí, las personas homosexuales también. Incluso mucho antes de que se den cuenta de su orientación sexual. La homofobia está presente en el ambiente, y por tanto es absorbida desde muy pequeños sin darnos cuenta y sin cuestionárnosla. De ahí, la interiorizamos.

Cuando la persona se da cuenta de su orientación sexual, ya carga con todo ese bagaje. Si yo he interiorizado que eso es rechazable y descubro que soy eso, entonces yo soy rechazable, yo me rechazo.

Qué es la homofobia interiorizada

Pero, ¿en qué se traduce esto? Se puede traducir en infinidad de cosas. Entre ellas, algunas de las más comunes son:

  • No aceptar que se es homosexual
  • Aceptarlo, pero invisibilizarlo socialmente porque intuyes que serás rechazado. Es decir, no salir del armario.
  • Evitar mostrar afecto hacia tu pareja en público.
  • Evitar hablar de temas de pareja
  • Evitar otras personas del colectivo, criticarlas o menospreciarlas.
  • Etc.

Todas ellas implican un sufrimiento y parten desde el autorechazo, desde todos los prejuicios que se interiorizan a lo largo de la vida. Visibilizar lo que uno es, pasa de ser algo que debería de ser natural y no comportar ningún problema, a ser vivido con emociones perturbadoras y en tensión.

¿Cómo lo afrontamos?

Si reconocemos en nosotros mismos que tenemos homofobia interiorizada y que nos ocasiona problemas, podemos hacer mucho al respecto. Hacerle frente es un proceso personal que requiere tiempo y dedicación. Podemos hacer lo siguiente:

  • Educarnos: buscar lecturas al respecto, entender la historia del colectivo, leer historias de personas que nos inspiren…
  • Compartir nuestro sufrimiento con alguien de confianza.
  • Envolvernos de entornos inclusivos y reforzar lazos con personas del colectivo, a través de asociaciones, por ejemplo, o participando en voluntariados o en acontecimientos de LGBT+.

Esto puede sernos muy útil, pero si crees que requieres más apoyo, también puedes pedir ayuda profesional. Un psicólogo general sanitario puede ayudarte a identificar las secuelas de la homofobia, su origen, y puede ayudarte a trabajarlas y superarlas. También existen profesionales de la psicología especializados en psicología afirmativa LGBT+, quienes pueden tener una mayor comprensión de la problemática. 

Guillem Nicolau Coll
Psicólogo general sanitario
Nº col.: B-02773